24 de mayo, madrugada.
El remedio más efectivo para mis depresiones de fin de
semana es que me vaya a ver Víctor. Es impresionante que pasar mucho tiempo
distanciados realmente nos hace mal. Comunicarnos sólo por whatsapp torna nuestras
conversaciones demasiado serias, demasiado densas. En persona todo es mucho más
liviano. Ver sus reacciones faciales, notar que está hueveando, clarifica
cualquier tipo de malentendido. El problema es que cada vez que nos vemos son
fijo tres o cuatro horas de preocuparme sólo de él y de nuestra relación. Tres
o cuatro horas que podría ocupar leyendo, o avanzando en trabajos para la U.
Congeniar
relación-universidad es complicadísimo en muchos sentidos. Sobre todo cuando se
estudia Historia (Véase: Desmotivación), y es que todos los ratos de
no-estudio (no necesariamente de ocio), uno los pasa con culpa. El cigarro lo
prendí por notar que efectivamente tenía mucho por hacer, y había ocupado
poquísimo tiempo en hacerlo. Me sentía irresponsable. [Sigue en la siguiente
colilla].

No hay comentarios:
Publicar un comentario